SANCHEZ – ANTONIOLI: UNA GRAN FAMILIA QUE CRECIÓ EN LA ACTIVIDAD FARMACÉUTICA DESDE HACE 60 AÑOS

“En toda crisis siempre se vislumbra una oportunidad”. Antonio Luis Sánchez, es el responsable de la Cámara de Propietarios de Farmacias de Argentina (CAFAPRO), con sede en la provincia de Córdoba y uno de los integrantes de una gran familia que lleva 60 años en la actividad aportando una “profunda vocación de servicio y sosteniendo principios como honestidad, transparencia en el manejo de recursos y responsabilidad”, según el legado que le inculcó su padre, el motor que lo inició en la profesión.

“En 1960 mi padre estaba muy mal económicamente y estando en el Ejército hizo contactos con un sector de enfermería. En el Dique Los Molinos, un pueblito de La Merced, en una comunidad muy pequeña, entonces hacía falta alguien que se hiciera cargo de lo que llamaban “El Botiquín” recordó Sánchez. “Así fue que un familiar lo convocó y apareció una salida laboral con nuestra primer farmacia que era muy precaria, pero también necesaria para la región. El médico iba solo los martes al pueblo y si nacía un niño el miércoles el encargado de asistir al parto era mi papá Y si se alguien se accidentaba con un corte mi padre lo suturaba. Era una época y lugar complicado, con muchas necesidades”, agregó el titular de CAFAPRO.
Recién unos años después su padre compró una farmacia en Córdoba y así se fueron integrando a la actividad el resto de la familia, que incluye a siete hermanos. “Mi hermana fue la primera en estudiar Farmacia y todos nosotros empezamos a conocer el oficio detrás del mostrador”, contó Sánchez.

La dedicación y amor por la actividad de su padre, muchas veces fue difícil para la infancia de sus hijos. “Nosotros renegábamos mucho cuando chicos porque el oficio nos quitaba tiempo de vida familiar. Mi papá estaba dedicado a tiempo completo con la farmacia en las zonas periféricas. Me acuerdo que lo íbamos a buscar y esperábamos horas en la puerta, porque siempre atendía al último que llegaba, nunca cerraba la persiana. Tenía una vocación de servicio asombrosa. Protestábamos ero al mismo tiempo fuimos aprendiendo valores y construyendo compromiso con el oficio”, recordó Sánchez.

En su juventud, Sánchez estudió y se recibió de profesor de Educación Física. Trabajó muchos años en una escuela para personas adultas no videntes, donde reconoce que recibió una “amplia capacitación” relacionada con la asistencia y la contención. Después de la Guerra de Malvinas viajó a México, pero regresó un año después. “Mi padre me ayudó entonces a tener mi farmacia propia y así comencé a crecer en la actividad junto a toda la familia “. Actualmente además de conducir CAFAPRO, integra la red familiar de farmacias “Sánchez-Antoniolli”. Nunca abandonó la práctica de la actividad física. Comparte su trabajo farmacéutico también con entrenamientos y maratones. Ya Participó en 16 eventos. “En las dos actividades ponemos el pecho y el aire al futuro”, asegura.

“CAFAPRO nace con esos principios porque no nos gustaban los manejos poco claros que veíamos en la actividad. No toleramos que no se primara la idoneidad, la transparencia, la responsabilidad para ejercer el oficio. La institución nace con 40 representantes farmacéuticos y fue FACAF, para mí también una gran familia, que nos ayudó en los comienzos para empezar a trabajar con tranquilidad y honestidad” dijo el empresario.

“Los Sánchez nos consideramos confrontativos, somos claros y honestos. Los principios de CAFAPRO son claridad y honestidad, porque entendemos que en estas estructuras se maneja dinero de otra gente y hay que estar preparado y ser muy honesto para evitar las tentaciones. En estas actividades siempre aparecen los oportunistas que pretenden manejos desleales y nunca lo permitimos, siempre lo enfrentamos”, aseguró Sánchez.

El hombre recordó que durante la pandemia se intensificó el rol social de la actividad farmacéutica. “Nuestras farmacias están ubicadas en el círculo exterior de Córdoba fue muy intenso en los primeros momentos de la circulación del virus. La comunidad estaba asustada, desconcertada, nuestros mismos farmacéuticos padecieron la enfermedad. Así fue que comenzamos a capacitar, reforzar los protocolos y mucha contención a las dudas y carencias. Ha sido una experiencia de aprendizaje muy grande, en la que también agilizamos la parte informática para brindar un funcionamiento rápido”, destacó Sánchez.