Reseña Histórica del primer período de la Farmacia en Argentina

Durante la colonia, se solía llamar Farmacia a la profesión, y Botica al establecimiento. Según el Diccionario de la Academia Española el vocablo farmacia designa la ciencia y la profesión de esta ciencia, y no el local donde se preparan y expenden las drogas, que llama Botica, y que es la oficina en que se hacen y despachan las medicinas o remedios para la curación de las enfermedades.

  • Boticario: Profesor de farmacia, que prepara y expende las medicinas.

  • Farmacéutico: El que profesa la farmacia y el que la ejerce.

En el Buenos Aires colonial no había farmacias sino boticas.

Si nos remontamos a las primeras décadas de la vida de los pueblos que habían de constituir el virreinato del Río de la Plata, será fácil echar de ver que por entonces nadie hallaba ni existía cosa alguna que pudiera compararse a farmacia o botica.

Los primeros médicos que vinieron a esta parte de América preparaban los remedios que aconsejaban. Así, en el acta del 24 de enero de 1605 del extinguido Cabildo de Buenos Aires, se consigna que el vecindario debía pagar al primer cirujano que solicitó se le recibiese como tal, don Manuel Alvarez, la suma de cuatrocientos pesos al año, más el importe de las medicinas y ungüentos que suministrase a los enfermos de la población. Si Buenos Aires debió aguardar desde su segunda fundación, 25 años para que le fuera dable a su Cabildo considerar la primera presentación de un profesional titulado ofreciendo prestar sus servicios médicos; se hizo esperar casi dos siglos la primera oportunidad de considerar una gestión análoga proveniente de un boticario, pues es necesario para encontrarla, llegar a los acuerdos del año1770. Fue iniciada por Don Agustín Pica, a quien se lo considera como el primer boticario laico que solicitó del Cabildo autorización para ejercer su profesión en Buenos Aires. De ello informan las actas capitulares del 5 y 26 de mayo de aquel año.

Mientras Buenos Aires no contó con Protomedicato, el Cabildo intervenía directamente en los trámites necesarios para dar validez a los títulos y antecedentes presentados por los médicos, cirujanos, boticarios, etc., cuando se radicaban en la ciudad. Asimismo, permitía la instalación de los profesionales, autorizaba las boticas, fiscalizaba su funcionamiento, etc.

En 1782, en el virreinato de las Provincias del Río de la Plata, no había menos de 31 boticas establecidas y 4 botiquines. De ellos 16 y 3 botiquines se hallaban en tierra argentina, 11 boticas y 1 botiquín en Bolivia, y 4 boticas en el Uruguay.

De las de la Argentina, 9 estaban establecidas en Buenos Aires; 4 en Córdoba; 2 en Salta; 1 en Tucumán; 2 botiquines en Mendoza y 1 en Jujuy.

Pero ya antes de 1763, existían las boticas de presidio y aún con anterioridad las de los conventos.

Antes de crearse el Protomedicato para las Provincias del Plata, "el pueblo estaba sujeto para la administración de remedios, aún los más delicados, a la ignorancia de Mercaderes y Pulperos, o a la voluntariedad de Médicos y ejercitantes de esta facultad y de la cirugía, que consultaban demasiado el interés propio" (Gorman. Manuscritos Nº45)

Al principio el Protomedicato se encargó de surtir de artículos farmacéuticos a todas las boticas del país, encargándolos en cantidades considerables a las casas de Diego Thomas Fanning de S. Lúcar y José de Llano y Sangines de Cádiz, en cambio de cueros y lanas de vicuña. Poco después, en 1782, se nombró "asentista boticario" a Francisco Marull y posteriormente a Narciso Marull quien figura ocupando dicho cargo hasta 1809.

Recibíase de España "los compuestos" y exportábase del virreinato toda clase de árboles y plantas útiles y, "para la Real Botica, todos los géneros medicinales, con las noticias respectivas de su uso y virtudes". (Gorman, manuscritos)

El museo de la farmacia de la Capital Federal es cita obligada para quienes se interesan por la historia de la farmacia en nuestro país. El 22 de agosto de 1970 se inauguró oficialmente en un acto que se realizó en el local de la antigua farmacia "De La Estrella", declarada patrimonio nacional. En los comienzos estuvo a cargo de la Dra. Rosa C. D'Alessio Carnevale Bonino. Cuatro años después, en 1977, se tuvo que entregar el local, hasta que recién en 1981, cuando el 16 de septiembre el Dr. Juan Claudio Sanahuja otorgó un nuevo local en el primer piso de la Facultad de Farmacia y Bioquímica (UBA), se consolidó su establecimiento hasta la actualidad. El contenido de dicho museo es inconmensurable, enseña mucho e invita a la reflexión histórica, no sólo es interesante para los profesionales de la medicina, sino también para el público en general.

Farmacia "De La Estrella"

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